‘Les tocó jodío’

‘Antes muerta que sencilla’ era hasta hace dos años era mi slogan preferido. 28 años, ejecutiva, exitosa, preocupada de las últimas tendencias y siempre a la moda. Realidad actual: cambio pañales, lavo mamaderas, cocino cazuelitas, intento controlar pataletas y prescindo de mis dos orejas a la hora de la siesta y por la noche.
Cuando decidí ser madre, jamás me imaginé implicaría más que algunas noches de desvelo los primeros 3 meses de Iñaki. Más aún cuando ves a las guaguas de tus amigas; esos bebés perfectos, que no lloran, que se duermen a las 8 de la tarde, pasan de largo en la noche y piensas: “bueno, no es para tanto”.
Encuentras “exageradas” a todas esas tías solteronas que te dicen: “aprovecha de dormir”, “sal con tus amigas, que después nunca más”. Sientes que hasta te lo dicen con “su qué”, con ese tonito de envidia. En fin, el 16 de julio del 2008 nació Iñaki, hermoso, vigoroso, enérgico y muy, pero muy llorón. Adiós ‘pega’ y ‘bienvenido Iñaki’. Durante 6 meses lloró todo el día y por todo. Porque lo mudaba, porque lo bañaba, porque lo tomaba y porque no lo tomaba también, simplemente porque sí. Nunca le encontré una explicación. ¿Qué es eso de que las guaguas siempre lloran por algo? Mentira, puedo a segurar que Iñaki lloraba por nada. Desesperada visité tres pediatras, hasta una neuróloga me lo quería dejar hospitalizado para medir su nivel de frustración. El nivel de frustración de un bebé de dos meses. ¡Qué horror! Como si fuera un ente supraterrenal, sometido a estudios o como un delincuente considerado un peligro para la sociedad, constituida en este caso por Gabriel (mi marido) y yo. Reconozco con verguenza que a veces esta idea no me parecía tan descabellada.
Hasta los consejos de esos parientes que tanto critiqué, nos hicieron sentido. Parece que ya no eran tan envidiosos. Por otro lado, el pediatra reafirmaba esa luz maravillosa que me llegó del más allá: “Les tocó jodío” y trataba de consolarnos afirmando que sólo duraría unos años. Qué fácil se ven las cosas de afuera, pensé.
Una vez fue a mi casa una amiga que hacía”Feng shui”… hasta eso llegamos con Gabriel para tratar de equilibrar las energías del hogar. Ella hizo su trabajo, nos cobró una fortuna, cambiamos el lado de la cabecera de la cuna, etc, para más remate nos dijo que Iñaki era un alma vieja. Me imaginaba literalmente un viejo chico con bastón, con mirada penetrante e intimidante que estudiaba todas mis actitudes y cuestionaba mis decisiones, como si él supiese más que yo…y quién sabe…





