Historias de Primeriza:El parto

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El reloj marcaba las 8:15. Nuevamente me hicieron tacto y estaba con 10 centímetros de dilatación. Había llegado el gran momento. ¡A pabellón!. Rápidamente me cambiaron de camilla y me llevaron hasta otra habitación, donde un gran foco iluminaba el rostro de mi ginecólogo. A mi izquierda estaba la matrona, dándome instrucciones y a mi derecha mi novio, alentándome.
“A la cuenta de tres, tomas todo el aire que puedas por la boca, lo aguantas y pujas con todas tus fuerzas en la zona del periné, y luego lo botas”, me ordenó la matrona, mientras tocaba mi prominente barriga que estaba por desaparecer. Así lo hice, tomé aire y pujé con todas mis fuerzas. Fueron cuatro pujos antes de ver como saltaba meconio líquido a las manos del doctor, para luego sentir (sin dolor) como sacaban a mi hijo. El reloj marcaba las 8:43 de la mañana.
Como había salido con meconio, se llevaron a mi bebé de inmediato para aspirarlo, pero a los pocos minutos llegó en brazos de Felipe, su padre, quien lo puso sobre mi pecho, diciéndome: “Es hermoso, pesó 3, 030 kilos y midió 47, 5 cm”.
Mi hijo ya no era un sueño. Matías Felipe se tranformó en una realidad, la más hermosa y sagrada de todas. La aventura de la maternidad había comenzado para mí y cualquier dolor que haya sentido, ahora era sólo un detalle.
Pero como les dije, mi experiencia como mamá primeriza sólo estaba comenzando…. hasta la próxima semana.
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