
La otra vez estaba en la casa de una amiga junto a sus dos lindas sobrinas y todo estaba muy tranquilo hasta que a la mayor, Clara de 3 años se le ocurrió empujar a la Jacinta de 1 año y medio. Fue en ese instante que empezó una batalla campal en la casa porque el papá de las niñas salió a retar a la Clara que se reía de su travesura, hasta que vio a su papá rojo como un tomate de rabia y ahí recién entendió que lo que había hecho estaba mal.
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Este viernes empiezan las esperadas vacaciones de invierno. Una fecha que la mayoría de las mamás esperan con ganas, porque significa olvidar, por lo menos durante dos semans, las levantadas al alba, preparar las colaciones y las luchas por acostarse a una determinada en la noche.
Sin embargo, para muchas también , estos días se vislumbran aterradores al pensar qué van a hacer con los niños las 24 horas dentro de la casa. Que hay que armarles panoramas, que no se pueden aburrir, que no vean mucha televisión…y como generalmente el clima no acompaña, la cosa puede parecer a veces sinienstra.
Pero creo que ahí es cuando tenemos que relajarnos un poco u dejar que los niños usen la imaginación y aprenda a aburrirse y ‘desaburrirse’ solos. Vivimos diciendoles todo el día lo que tienen que hacer y no los dejamos tranquilos ni siquiera en vacaciones . Creo que es bueno que vivan momentos de ocio, que se relajen, que se ablanden ciertas reglas y que sean capaces de crear juegos y contentarse con lo que tienen a mano. generalmente son los papás y mamás quienes generan mayor ansiedad por estos días y se les olvida que los niños son mucho más simples y fáciles de lo que piensan.

Tener un hijo en temporada de vacaciones puede tener muchas ventajas, hay más panoramas, le puedes poner ese short y ese gorrito que lo hace verse tan lindo, pueden salir al campo, la playa, y muchos lados más. Pero ¿qué pasa cuando esas vacaciones son a la casa de los papás, o (para peor o mejor), a la de los suegros?
Si hay taconeras de regiones presentes, sabrán a lo que me refiero. Además los nunca pedidos consejos, todos los tíos, primos, tías abuelas, primos del primo de la tía del amigo, quieren pasar a ver al nuevo juguetito de la familia. Y tú lo único que querías era descansar junto a tu marido, con la esperanza de que tus padres o suegros chochearan con el nieto un rato, pero ¡nada! Tienes que estarlo calmando más de la cuenta porque el pobre no sabe qué pasa con tanta gente dando vueltas, su rutina ya no es la misma y menos la tuya. Si me preguntan a mí, lo mejor es viajar sin avisarle a nadie más que a la familia, conversar siempre con calma para que entiendan que tú también quieres descansar, no estresarte por cosas que no lo valgan, y ¡aprovechar para disfrutar y pasear con tu familia! Tu hijo agradecerá tu paciencia y calma, y que le dediques este nuevo tiempo para jugar.
Y ustedes taconeras, ¿qué me dicen? ¿Han pasado por esta aventura de estar en casa ajena con tu bebé? ¿Lo lograrón o se pelearon con medio mundo? ¡Cuéntanos a ver cómo podemos ayudarnos entre nosotras!

Taconeras, debo confesar que me encanta estar cerca de un recién nacido, o de una guaguita de meses, tomarla en brazos, olerle el cuello y sentir ese aroma tan tierno y característico que sólo ellos tienen. Aunque se podría pensar que esa atracción sólo le sucede a los padres de cada pequeño, lo cierto es que a quienes todavía no tenemos hijos igual nos encanta, y hay una base fisiológica para explicar por qué los bebés huelen tan bien.
La explicación está en que las guaguas no tienen glándulas sudoríparas apocrinas activas, por lo que no presentan olores desagradables a transpiración. Además, apenas sudan, pues sus mecanismos que regulan la transpiración todavía no están establecidos en su totalidad.
Por otra parte, los aromas de cremas, geles, ropa o colonias infantiles, así como nuestro nuestro buen olfato, hacen el resto para que el “olor a guagua” nos resulte tan agradable.
Y a ustedes, ¿les pasa lo mismo?

Para varios hombres el tema de la maternidad no es nada fácil. A parte de sentir que se les viene una gran responsabilidad encima y que tienen que ponerse “serios”, porque llegará una tercera persona a sus vidas, a muchos les cuesta lograr una conección real con su guagua durante el embarazo. A diferencia de las mujeres, no la sienten, por lo tanto no saben bien cómo comunicarse con ella. Pero, tanto para nosotras como mujeres y futuras madres como para nuestra guagua, es necesario que los papás se involucren desde el principio, y ¿cómo hacerlo?… Aquí va una pequeña receta.
Sin presionar, intenta que tu marido o pareja te haga cariño en la guata y tu comienza a hablarle a tu bebé. Así, él sentirá que hay alguien ahí dentro y descubrirá la importancia de comenzar una comunicación. Invítalo a los cursos de preparación para el parto, que asista al nacimiento y que tenga un contacto físico con la guagua apenas nazca.
Varios estudios señalan que si el hombre participa en todo el proceso se sentirá más maduro, partícipe y entregado. Le ayudará a desarrollar más su afectividad, sensibilidad y lo hará más tan protector como la mamá. No se sentirá excluido. Si se logra esto, la paternidad será algo muy agradable y no una carga que tienen que sobrellevar de por vida.

Muchas veces poner y establecer límites a los niños es muy difícil, pero es parte del proceso de aprendizaje de los menores y se deben establecer si o si y no como una manera de reatarlos, sino más bien para prevenir su mal comportamineto y de enseñarles lo que si se puede hacer y lo que no se puede hacer. Por esto se debe hacer con amor y con cariño para que los niños puedan diferenciar entre el buen comportamiento que deben tener y un comportamiento que no es aceptable por su madre. Estos límites deben ser de acuerdo a cada edad, por ejemplo, a un niño de dos años se le puede pedir que ordene sus juguetes, pero no la pieza entera como si se le puede pedir a un niño más grande. Las frases simples y claras son mejores para poner los límites y no entrgarles muchas órdenes al mismo tiempo para que los pequeñitos entiendan de mejor manera y paulatinamente lo que se les está pidiendo, además se pueden confindir. Los niños aceptan mejor una orden de lo que sí pueden hacer, por ejemplo en vez de decirles “no pueden tirar la pelota en casa” pueden decirles “la pelota puede rodar por el suelo” y esto es lo que aceptarán positivamente. Gritar y perder el control no te ayuda en nada, lo mejor es hablar con seguridad y autoridad para demostrarle al menor quién manda y que ese límite u orden es muy importante. Estos pequeños consejos pueden ayudarte, pero no reemplazan los consejos de especialistas.