historias de primeriza

Historias de Primeriza: amamantar

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Después de lo emocionante y fuerte del parto, la enfermera me pasó a Matías y me dijo: “Ya mamita, ahora debes darle de mamar”.
¡¿Qué?!, ¿Cómo?” Yo no sé hacer eso”, fueron mis primeras palabras. Porque más allá de la maravillosa conexión que se crea al ‘darle pechuga’ a tu hijo; el temor te inunda cuando no tienes experiencia. Sin embargo, las palabras amables y alentadoras de la enfermera, me permitieron confiar en mis insintos. Con mi brazo izquierdo abracé a mi hijo y los estreché contra mi pecho. Con la mano derecha tomé mi pezón y lo coloqué en su boquita. Y ohhhh!!!! sucedió el milagro! Sus reflejos le permitieron succionar de inmediato. Fue impresionante… y extrañamente, un alivio para mi cuerpo.

Historias de Primeriza:El parto

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foto:www.lasaludinfantil.com

El reloj marcaba las 8:15. Nuevamente me hicieron tacto y estaba con 10 centímetros de dilatación. Había llegado el gran momento. ¡A pabellón!. Rápidamente me cambiaron de camilla y me llevaron hasta otra habitación, donde un gran foco iluminaba el rostro de mi ginecólogo. A mi izquierda estaba la matrona, dándome instrucciones y a mi derecha mi novio, alentándome.

“A la cuenta de tres, tomas todo el aire que puedas por la boca, lo aguantas y pujas con todas tus fuerzas en la zona del periné, y luego lo botas”, me ordenó la matrona, mientras tocaba mi prominente barriga que estaba por desaparecer. Así lo hice, tomé aire y pujé con todas mis fuerzas. Fueron cuatro pujos antes de ver como saltaba meconio líquido a las manos del doctor, para luego sentir (sin dolor) como sacaban a mi hijo. El reloj marcaba las 8:43 de la mañana.

Como había salido con meconio, se llevaron a mi bebé de inmediato para aspirarlo, pero a los pocos minutos llegó en brazos de Felipe, su padre, quien lo puso sobre mi pecho, diciéndome: “Es hermoso, pesó 3, 030 kilos y midió 47, 5 cm”.

Mi hijo ya no era un sueño.  Matías Felipe  se tranformó en una realidad, la más hermosa y sagrada de todas. La aventura de la maternidad había comenzado para mí y cualquier dolor que haya sentido, ahora era sólo un detalle.

Pero como les dije, mi experiencia como mamá primeriza sólo estaba comenzando…. hasta la próxima semana.

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Historias de Primeriza: Preparto y contracciones

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Después de la falsa alarma y ya de vuelta en casa intenté tomar un plato de sopa, pero ni siquiera eso pude hacer. No sé si fueron los dolores de las contracciones que cada vez eran más fuertes o mis nervios por lo que vendría, pero no tenía ánimo de nada, menos de comer. Así pasaron las 3, las 4, las 5… toda la tarde soportando esas benditas contracciones que cada vez eran más fuertes y seguidas, que me acercaban al momento de conocer a mi hijo.
Alrededor de las seis de la tarde fui al baño porque las ganas de hacer pipí no me habían abandonado.Entonces, boté una sustancia pegajosa de color marrón…sí, el famoso tapón mucoso, que puede desprenderse una semana, o una horas antes del parto, como me ocurrió a mí. Ya era sólo cosa de horas.

Pese a la felicidad que me causaba imaginar la carita de mi bebé, no lograba controlar mi umbral de dolor, que cada vez era más intenso y frecuente. En mi fracasado intento por aliviar esas contracciones de 40 segundos cada 3 minutos, rezé mil oraciones, mordí toallas, apreté las manos de mi novio y practiqué ejercicios de respiración. Pero nada. A las 2:30 de la madrugada del lunes 23 de marzo volví a la clínica. En cuanto ingresé me hicieron tacto, otra vez, y efectivamente mis contracciones habían logradi su objetivo: “estamos en trabajo de parto, tienes dilatación cuatro. Te quedas”, me dijo el médico que me había visto la mañana anterior. Seguir leyendo »

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