
Estuve una semana de vacaciones y me tocó convivir con las sobrinas de una amiga, la Camila de un año y medio y la Rafaela de tres años. El problema es que si bien ambas son adorables, se portan pésimo, sobre todo la más grande. Ella insistía en empujar, pegarle y hacer llorara todo el rato a la Camila, además de decir que su hermana era tonta y fea. y lo peor es que esta historia se repetia todos los días. Si bien los papás de las niñitas retaban a la Rafaela, ésta hacía caso omiso, se reía y volvía al ataque. La verdad sé que es normal que los hermanos se peleen y a esta edad la más grande trate de llamar la atención de manera negativa, pero cada vez que pasaba algo así el primer pensamiento que se me venía a la cabeza era ¡Ojalá que mis hijos no sean así!

Es inevitable que la mayoría de los niños, al llegar un nuevo hermanito sienta unos celos incontenibles y comience la tortura para los padres. Muchos niños se sienten amenazados, ya que si antes eran el centro de atención, ahora tienen que compartirlo y eso muchas veces genera rabia y frustración, por lo que los niños se empiezan a poner más rebeldes e indiciplinados, todo con tal de llamar la atención. Lo importante es que los padres sepan de esto e intenten equilibrar la atención entre ambos hermanos para que la llegada de un nuevo hijo no sea motivo de malos ratos con el hijo mayor. Igualmente hay aspectos positivos dentro de este escenario, ya que muchos niños aprenden a ser mejores para destacar y convertirse en un modelo para su hermano chico. Así que madres taconeras si están pensando en tener un segundo hijo prepáranse para los celos!

No hay nada que me ponga más de mala que cuando uno de mis hijos me contesta mal ¡y qué decir si se trata de la más chica que tiene sólo 3 años! El asunto es que los dejé por una semana más de vacaciones con los primos y resulta que la menor llegó hecha un demonio, se cree grande y está demasiado mañosa y enojona. Lo peor es que si la retas te ponde cara de pena y luego una de esas sonrisas que matan y te deja ahí, derretida de chochera, pero saliéndose ella con la suya.
Por eso es que ayer con mi marido decidimos ponernos firmes porque es ahora o nunca cuando se le pueden parar los carros por muy regalona que sea de todos. De lo contrario, estaremos criando a una fiera que en pocos años más nadie va a aguantar.
Les confieso que no es nada fácil, sobre todo porque es mucho más simple hacer vista gorda y evitarse las peleas, los llantos y el dolor que a uno le produce verlos sufrir, pero alguna vez a alguien le escuché que si a los papás no les duele educar a sus hijos, significa que no lo están haciendo bien.