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Cicatriz de cesárea, ¿qué cuidados tomar?

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Una amiga tuvo hace tres meses a su hijo por césarea y está un poco asustada con su cicatriz. La cicatriz ya está sana pero dice que le quedó una especie de cototo alrededor. Aunque trata de no pensar en eso,  me di cuenta que le preocupa sobre todo porque su guata está bien -volvió a tener su guata de siempre casi al mes- pero en el vientre bajo – pubis- quedó con un cototo bastante feo. Claramente que comparado con otros casos más graves no es nada, pero la entiendo que se preocupe.

Le han dicho que se haga masajes con aceite de rosa mosqueta, así que por estos días debería comenzar a probar cómo le va con eso. ¿Algún consejo que quieran compartir con ella?

Cesárea

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Mi partner acaba de tener a su hijo Clemente el viernes pasado y está feliz. El único problema es que le tuvieron que hacer cesárea y la cosa le ha dolido bastante. Llego a su casa y se tuvo que quedar en cama, porque se movió mucho y se sintió mal. En fin ella es madre primeriza y yo nunca he tenido hijos, así que lo único que hago es tratar de acompañarla, pero así como que ayudarla o darle consejos caseros para que le duela menos, nada. Así que chicas como muchas ya tienen más experiencia sería genial si me dieran algunos tips para recuperarse bien de una cesárea. Espero se animen

Cesáreas, aumentan y aumentan en Chile

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Nadie puede negar que  el parto natural siempre será una mejor alternativa que  uno artificial (si no hay complicaciones), pero esto es algo a lo que las chilenas parecen no hacer mucho caso y cada vez menos… Sí, esto quedó reflejado en los datos entregados por la  Subsecretaría de Redes Asistenciales donde  advierten que el primer trimestre de 2011 hubo un 37.6% de cesáreas, mientras que en igual período de 2010 fue de un 25.3%. Seguir leyendo »

Un embarazo con Crisis de Pánico

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*Ganadora Concurso Blogueras 2010

Hoy en la mañana, me puse a recordar cómo fue el proceso de mi primer embarazo. Para todas las que somos madres, cuando nos enteremos por primera vez que llega este nuevo integrante a la familia, se nos vienen mil preguntas y dudas a la mente.

Mi experiencia es más bien recontraultra personal, porque en el momento en que supe que sería madre, estaba pasando por un momento súper “heavy” en mi vida. Estaba con dos pegas al día y más encima con tratamiento para una Crisis de Pánico, la enfermedad más “in” de los tiempos modernos. Ahora lo tomo a la “chacota”, pero pucha que sufrí. En fin…a pasar de eso, seguí adelante yo y mi guata, por sobre todas las cosas. Eso sí con un séquito de profesionales que me apoyaban, desde mi maravillosa Claudita, mi terapeuta, como se le dicen ahora a los sicólogos, el Gino, mi psiquiatra, mi ginecólogo y mi endocrinóloga que controlaba mi hipotiroidismo, que por lo demás es esencial mantenerlo a raya durante el embarazo.

La verdad es que al comienzo lo pasé bastante mal. Antes de saber que estaba embarazada, llegaba a mi trabajo toda tembleque, con sudoraciones, taquicardias, sensación de que me iba a desmayar, etc, etc, etc…, producto de mi ansiedad. Una vez a la semana tenía reuniones de pauta y lo único que quería era salir arrancando. Pleno invierno, 3 ó 4 grados celsius y yo mojada de transpiración.  Peor cuando me enteré de que estaba embarazada.

Simplemente opté por dejar mi trabajo y quedarme sólo con el de la tarde, que era desde la casa. Gracias a Dios podía hacerlo. Cuidar mi embarazo era primordial.

Cuando le conté a mi psiquiatra, tuvimos que crear un plan de emergencia para los próximos nueve meses, pero no podía abandonar el tratamiento 100 por ciento, ya que esa ansiedad desmedida podría ser literalmente fatal para mi bebé, así que acordamos seguir con mi pastillita milagros, el ansiolítico.

El segundo paso, fue visitar a mi ginecólogo, quien muy “asertivamente”,  cuando le conté que seguiría con parte de mi tratamiento, me hizo la siguiente pregunta: “¿Qué producto quieres tener?” Y yo toda ingenua, le respondí: “¿producto…cómo producto, doctor, no entiendo?” Y me dijo: “O sea, ¿cómo quieres que nazca tu guagua?, porque a mi me interesa la guagua, no tú” Acto seguido: “Cricri”. Y acto más seguido cambiarme inmediatamente de especialista.

¡O sea cuando una necesita más apoyo que nunca, te salen con eso! No hay guata que aguante. Aunque después una doctora me explicó la diferencia entre un gineco-oncólogo y un gineco-obstetra y ahí pude comprenderlo en tan sólo un 10%. El tema es que los especialistas en oncología tienen una visión mucho más fría, porque les toca vivir situaciones realmente fuertes, con pacientes realmente enfermos. Aunque para mí, mis crisis eran bastante reales. A diferencia de los obstetras, que son mucho más conectados con la parte emocional.

Pero esta no fue la última crítica. Aquí sólo comenzaron. La verdad es que la mayoría de mi familia me apoyaba en el tema de seguir con los medicamentos, pero no faltaban esas personas que te aportillaban o que te enviaban mail con listas de riegos para el bebé si consumías tal o cual remedio. Bastante desubicadas cuando no tenías otra opción, si asumes que la Crisis de Pánico es un enfermedad al igual que cualquier otra.

Quienes la hayan sufrido, seguro que han recibido el típico comentario. “Pero, relájate”, “no te va a pasar nada”, “tienes que dominar tú a la mente”, etc…Ojalá fuera tan fácil.

Aunque estás convencida de lo que estás haciendo, y más aún que tienes el apoyo de tus doctores, o sea no es cosa tuya, te entran algunos miedos, lo que me hizo entrar a miles de foros acerca del tema. Me dejaron más tranquila.

Pasaron los benditos y más maravillosos 9 meses de mi vida y llegó el día de la cesárea. A las 9:00 de la mañana estaba en pabellón. El anestesista me preguntó si tomaba algún medicamento. Por supuesto yo le dije que sí. Y me advirtió que Iñaki podía nacer un poco lacio, A las 9:45 salió mi niñito hermoso. Fuerte, con una energía incomparable, apgar 10 a los 5 minutos.

¡Vamos que se puede!

*Agradecimientos: A mi familia y a mi querida amiga Loreto F.

Diario de un Embarazo 2: Pies hinchados

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Hace unas semanas escribí que me encantaba este mes, entre otras cosas, porque llega el calor. Pero nunca pensé que las altas temperaturas de estos últimos díasme traerían problemas.

Hace un mes empecé con la hinchazón de pies o edemas. El doc me dijo que era típico en los últimos meses de embarazo, pero igual hay que preocuparse, ya que me podría llevar a una preeclampsia. Por eso me dio unos días de reposo para que bajara esta hinchazón e recomendó que estuviera atenta a otros síntomas como zumbido en los oídos, dolor de cabeza constante y problemas en la vista (ver especies de estrellitas).

Después del reposo mis pies tomaron una forma más normal. Sin embargo seguían hinchados y no existía zapato, zapatillas o hawaianas que pudiera ponerme. Me dolían mucho, no sé si estaba exagerando, pero hasta morados los veía.

En mi última visita al doctor fui con un poco de susto. Cuando le pregunté por la fecha exacta del nacimiento de mi bebé, él me dijo que aún no podía decir nada, ya que soy seria candidata a cesárea, ya que podrían adelantar el parto y todo por mis pies de “miss universo”. Para evitar ese panorama debía cuidarme la presión y hacer reposo.

Cuando habló de cesárea, adelanto y que mi guagua podría sufrir, me asusté. Me fui preocupada. No me gustaría pasar por eso… le tengo miedo a la cicatriz. Siempre he tenido problemas de cicatrización. La cicatriz de apendicitis y la que me hicieron para sacarme un quiste del útero (con suerte eran dos puntos) me quedaron horribles… ¡imagínense una cicatriz de cesárea! Muchas me recomiendan la cesárea por diversos motivos, pero yo no quiero. Siempre he pensado que entre más natural llegue mi hijo al mundo, mejor.

Bebé por cesárea…a cerrar la boca.

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Una amiga tuvo a su beba hace poco y me contaba su experiencia de mamá recién estrenada:

¨Mi bebe nació, genial, hermoso… pero por cesárea. El doctor me recomendó “NO HABLES” porque te va a doler todo, por favor….
Mi mamá se ocupó (gracias al cielo!) de filtrarme las visitas el primer día, así que “sólo” eran mi mamá, papá, hermana, hermano, cuñada, abuela, tío, suegra, suegro y mi marido…
Si, leyeron bien… De un buen filtro quedaron ¿nada más? 10 personas…
Todos sabían que estaba dolorida y no podía ni debía hablar.
Bueh… Además: Clínica privada, mucho confort, diario y regalitos, PERO era un abrir y cerrar de puertas constantes: Una enfermera que me pedía datos… y me hacía hablar… Luego otra … te pregunta que querés comer. Después el médico… Aparece otra que te quiere vender la foto… La peluquera del bebé… El teléfono que sonaba…. La puericultora… La Neonatóloga… Las nurses…
El médico otra vez…. ¿No hablaste, no??? “Doctor, vinieron 24 personas, y todas me preguntaban cosas A MI!”

A todo esto el bebé lloraba… ¿¿Qué querría?? ¿Lo pongo en la teta? ¿Cómo se cambia un pañal? ¡Limpiar el ombligo, puaj!

Sólo quería que me trajeran una almohada (tan solo eso!) y a cada uno que venía le preguntaba… “no, yo sólo te tomo el pedido de almuerzo” “no, yo solo soy neonatóloga” “no, eso a fulanito”… ¡¡¡Porque no se ponen un cartelito!!!

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