silvana

Primeriza: los hábitos de un bebé

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Durante  mi embarazo siempre me decían: “aprovecha de dormir, que después no podrás”. Sonaba como una amenaza, sobre todo para una persona como yo que es tan buena para la pestaña. No quería imaginarme lo que me decían mis amigas: noches sin dormir porque el el llanto de la guagua. ¡Parecía una película de terror!
Durante los primeros días, él sólo dormía, era muy raro escucharlo llorar. Me decían que era normal para un recién nacido. A medida que fueron pasando los días no se veía mucho cambio en sus hábitos. Era como un bello durmiente, todo el día entregado al sueño. Sólo se despertaba para comer.
Con el tiempo se fue disminuyendo las horas de sueño. Cuando estaba despierto se dedicaba a observar, miraba para todos lados y cuando le daba hambre empezaba a refunfuñar.
En las noches, es una maravilla. No he pasado ni una en vela. Trato que se duerma como a las 21 horas, después del baño y de su leche. Por lo general no se duerme a esa hora sino a que las 23, a eso de la 01 de la mañana lo despierto para darle pecho. Toma medio dormido, pero sin ningún problema. Le saco los chanchitos y lo acuesto… ¡no sé nada más de él hasta como las 7.30 de la mañana! Yo feliz, aunque aún me faltan mis horas de sueño, puedo sentirme completamente dichosa por esas siete horas en las que duermo plácidamente.
Sé que soy afortunada por mi pequeño, además de lo hermoso que es, es un niño tranquilo. Es muy raro cuando le baja las mañas, de hecho cuando llora mucho me asusto porque no es normal en él. Al principio me preocupaba que fuera tan tranquilo y le pregunte al médico si estaba enfermo. Me dijo que estuviera tranquila, que era un niño sano y tranquilo.
Después me di cuenta que todos esos miedos eran un poco de culpa por todo lo que me dijeron durante el embarazo: “no vas a dormir más”, “los primeros meses lo pasarás encerrada en tu cas¡a” entre otras cientos de cosas que me advirtieron. Pero ahora puedo decir que ¡me saque el ¡Loto! No tengo problemas con las horas de sueño, salimos a todos lados, es un niño 4×4… está conmigo en todas. Vamos a asados, a juntas en casa de amigos. Para mí es un “Super Hijo”.

La elección del pediatra no es menor

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La elección de un buen pediatra es difícil, sobre todo si no tienes ninguna referencia. La primera visita fue cuando mi bebé tenía 8 días. Fue una odisea escoger el doctor.

Primero pensé en el pediatra que recibió a mi hijo, pero nunca supe cómo se llamaba. Después me acordé del doctor que lo vio en los días que estuvimos en la clínica, pero fueron como 4 los que pasaron por la pieza a revisarlo. Nunca pude hacerme una idea de cómo eran, salvo una doctora que era muy seria. Cuando pregunté su nombre me dijeron que era el médico jefe en Pediatría. La verdad no me gustó, demasiado seriota y pesada a la hora de responder.

Descartando esas posibilidades empecé a preguntar por doctores entre mis cercanos. Enconces recibí una avalancha de recomendaciones: pediatras de los hijos de mis amigos, el doctor amigo y hasta el pediatra que me veía a mi (a él lo descarte porque seguramente no estaría tan actualizado ¡ja!). Al final ninguno me gustó. Entonces recurrí a la web de la clínica y revisar uno por uno a los pediatras. Primero descarté por rostros, me quedé con los que su foto me simpatizó. Después elegí sólo hombres, (no sé porque esta preferencia, quizás es un poco machista. ¿Sexto sentido?) Y por último, por año de titulación. Pienso que están más actualizados a estos años. ¡Ah! Debo reconocer que también discriminé por universidad en que se tituló. Quizás fui un poco quisquillosa, pero era lo que sentía que tenía que hacer. Seguir leyendo »

Primeriza: Amamantar por primera vez

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Dar pecho por primera vez no es tan fácil como lo pensé… me costó. Cuando me pasaron a mi hijo para amamantarlo estaba muy nerviosa, no sabía cómo acomodarlo. Tampoco estaba segura si estaba realmente tomando leche, más encima mi bebe fue un “bello durmiente” durante todo el primer mes. Ni por hambre se despertaba. Había que hacerle unos masajes en la mejilla para que se despertara, pero cuando empezaba a tomar pecho se quedaba dormido nuevamente.

Mientras estuve en la clínica no me preocupé mucho… sólo apretaba el botón y venía la enfermera a ayudarme. Pero cuando llegué a casa todo cambió. Amamantar se convirtió en una odisea, mi hijo no sabía agarrarse bien y se dormía a cada rato. Me sentía muy culpable porque no sabía darle pecho.

Con los días en vez de ser un gusto se transformó en una molestia. Mis pezones se agrietaron y cada vez que tocaba la papa sufría mucho. Los pechos se me llenaron de leche, me dolían mucho. Al final opté por comprarme un extractor de leche y mandar a la punta del cerro el famoso apego.  Fue así que se fue solucionado el problema, pero pasaba casi todo el día sacándome leche y dándosela a mi hijo. Me sentía una vaca lechera.

El pediatra, en la primera consulta, encontró a mi hijo bajo peso. Me dijo que le diera leche más seguido y que volviéramos en una semana para ver si había subido. Al volver no tuve buenas noticias, seguía bajo peso. Me recetaron ‘relleno’… entonces primero leche materna y después relleno. Así lo hice día a día, empecé a combinar la extracción de leche con darle pecho. De alguna u otra forma no me podía ganar el dolor, sabía que tenía que hacerlo, si otras mamas no habían tenido problemas ¿por qué yo sí? Seguir leyendo »

Recién nacido

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El nacimiento de un hijo es una de las cosas más lindas que puede vivir una mujer, creo que en eso estamos 100% de acuerdo todas las que hemos vivido esa experiencia. Pero es más intenso ese sentimiento cuando se trata de nuestro primer hijo.
Después de tantos meses esperando, llegó el día en que nació mi hijo. Empecé a sentir contracciones en la mañana, en un principio eran muy esporádicas, como todavía no era la fecha del nacimiento de mi bebé no me preocupé. Pero a medida que iban pasando las horas estas puntadas empezaron a ser  más fuerte y seguidas, al llamar a mi doctor me dijo que me fuera a la clínica y que ahí me examinarían y me dirían si estaba lista para la llegada de mi hijo. Seguir leyendo »

Diario de un Embarazo 2: Pocos días para dejar de ser panzona y pasar a ser mamá.

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Sólo me quedan 5 días para cumplir las 40 semanas de embarazo. Aún no me entran los nervios. Quizás un poco de ansiedad, pero más que nada porque la panza me cansa mucho.
Sobre todo me he dedicado a reflexionar acerca de lo que he vivido en estos meses…. en este año. ¿Cuántos cambios en un sólo año? En enero ni se me había pasado por la cabeza la maternidad, en marzo supe que estaba embarazada y este mes seré mamá.
Para Año Nuevo uno de mis deseos era irme a vivir al extranjero, a Buenos Aires. Hace tiempo estaba con esa idea en la cabeza. De hecho, ya tenía hecho mis contactos y me había armado de valor para dar ese gran paso. Pero no fue así, a las semanas me enteré de que estaba embarazada.
Fue ese día (cuando supe que esperaba un hijo) que mi vida se dividió en  un antes, durante y un después. Ahora estoy terminado el periodo de “durante”, la etapa de la transición. Una etapa linda, pero muy extraña… me costó mucho aceptar mi estado.  Recuerdo cuando me hicieron la segunda eco, me emocioné mucho al ver su cuerpo ya más formado. No podía creer que lo tenía dentro de mi vientre y para qué decir cuando supe que era hombre… me río al recordar la cara de mi mamá cuando el doc nos dijo que era varón. ¡Siempre pensamos en una niñita! En fin, una etapa llenos de cambios tantos físicos como sicológicos.
Hoy escribo esta última columna de Diario de un Embarazo 2 desde mi pieza, mirando su cunita. No saben lo fuerte que es ver esa cuna en mi pieza y pensar que en pocos días más estará ahí este pequeñito que cambiará mi vida en 180º.

Pronto dejaré de ser panzona para pasar a ser mamá, como me escribieron en Facebook: “como un capullo que pasa hacer mariposa”. Tengo miedo y lo reconozco. Siempre le he tenido temor a los cambios, pero el que se me viene es muy fuerte. Ya no podré seguir soñando con ser Peter Pan (versión femenina) para siempre, en pocos días más tendré que afrontar una nueva realidad y la gran responsabilidad que se me viene en la vida. No piensen que estoy triste o deprimida porque no es así, sólo estoy asombrada .

Quiero verle su carita. ¿Será como lo he soñado? ¿Podré criarlo como lo he pensado?… un sin números de preguntas se me viene a mi mente.

Durante estos meses que he escrito en Taconeras, muchas de ustedes me escribieron felicitándome, dándome ánimo y fuerzas. Otras lectoras me criticaron por mi posición, quizás un poco fría e inmadura. A todas les agradezco de corazón por sus comentarios (bueno o malos), cada una me llenó de energías  y fuerzas para salir adelante. Escribir en este blog se transformó en mi mejor terapia.

Tampoco puedo dejar de dar las gracias a esas personas que han estado incondicionalmente conmigo en estos meses como mis padres y amigos. Muchas gracias por sus consejos, por escucharme cada vez que lo necesité. Y por último, quiero agradecer a Paula por esta linda oportunidad que me dio de escribir en esta web. ¡Infinitas gracias!

En pocos días empezaré a escribir otro diario en mi vida, pero esta vez con mi hijo en mis brazos.

Diario de un Embarazo 2: Tarde de conversaciones, intercambiando experiencias

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La semana pasada me junté con una amiga de época de colegio. Hace muchos años que no nos veíamos. Gracias a la “magia” de Facebook y a esta columna nos pusimos en contacto. Ella comentó unas cuantas veces sobre lo que escribo en Taconeras. Se sintió identificada con muchas cosas, ya que también está embarazada y como me dijo, parce que fuimos a la misma fiesta, ya que nuestras fechas de parto están muy cerca, sólo 3 días de diferencia.

Ya antes les había contado que dentro de mi círculo social más cercano no hay muchas mamás, y para ellos esta también es algo nuevo. Por eso fue gratificante y muy linda experiencia juntarme con esta “vieja” amiga (lo de vieja lo digo por los años que la conozco, no por la edad, para que no se sienta ofendida).

Decidimos juntarnos en el Parque Arauco. Fue divertido estar las dos panzonas caminando por el mall. Nos sentamos, pedimos cada una buena copa de helado cada una y nos pusimos a disfrutar de las calorías que pronto tendremos que dejar de lado.

Es primera vez en estos meses que me siento a conversar con una mujer que está pasando lo mismo que yo. Aunque ella está con su pareja y yo no lo estoy, estamos viviendo cosas muy parecidas. Ninguna de las dos estaba preparada para esto; ambas seremos madres solteras, a ambas nos han cuestionado por haber quedado embarazadas… y aunque vivimos en mundos distintos, estamos en la misma etapa.

A medida que iba pasando la tarde pude confirmar muchas cosas que yo pensaba y juraba de guata que me pasaban sólo a mí, como por ejemplo, el instinto maternal. Como les decía, hablamos de todo: qué cosas faltan por comprar, sensaciones nuevas, sexo, parejas, cesárea o parto natural.

Y este último fue un punto importante a discutir. Yo no quiero cesárea, más que nada porque le temo a la cicatriz. Prefiero parto natural, en cambio ella prefiere cesárea. Le tiene terror al dolor de un parto natural, mientras yo ni siquiera he pensado en ese dolor. No le tengo miedo, que venga lo que venga, si hay que sufrir, no será por mucho tiempo.

Lo más entretenido fue comparar nuestras panzas, ella tendrá una niñita y yo un varón. No creía que las guatas serían distintas, pero sí lo son. La mía es más puntuda, es para adelante. En cambio la de ella es como para los lados, como mas desparramada. Con eso confirmé el mito de las panzas de las embarazadas… aunque me digan lo contrario, ¡yo lo vi!

Otro punto de comparación fue lo que nos decían los doctores: ambas estamos en las mismas semanas de gestación, las dos a casi dos semanas del parto. Me extrañó que a mi amiga ya le hubieran hecho varios exámenes o ecos que a mí no me han hecho y que son típicos de este tiempo. Me cuestioné si mi doc estaba bien o no. Pero al conversarlo con él, mi mamá y otras personas, llegué a la conclusión de que cada médico va con su tiempo, algunos más relajados que otros. El mío es relajado, pero no por eso deja ser bueno… de hecho, me lo recomendaron como el mejor de la clínica donde me atiendo (la recomendación viene de una muy buena fuente)

Fue una buena y linda tarde. Compartimos muchas experiencias y llegué a mi casa feliz. Ahora tengo la primera invitada al cumple numero uno de mi hijo.

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