Paulina Olea

Un embarazo con Crisis de Pánico

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*Ganadora Concurso Blogueras 2010

Hoy en la mañana, me puse a recordar cómo fue el proceso de mi primer embarazo. Para todas las que somos madres, cuando nos enteremos por primera vez que llega este nuevo integrante a la familia, se nos vienen mil preguntas y dudas a la mente.

Mi experiencia es más bien recontraultra personal, porque en el momento en que supe que sería madre, estaba pasando por un momento súper “heavy” en mi vida. Estaba con dos pegas al día y más encima con tratamiento para una Crisis de Pánico, la enfermedad más “in” de los tiempos modernos. Ahora lo tomo a la “chacota”, pero pucha que sufrí. En fin…a pasar de eso, seguí adelante yo y mi guata, por sobre todas las cosas. Eso sí con un séquito de profesionales que me apoyaban, desde mi maravillosa Claudita, mi terapeuta, como se le dicen ahora a los sicólogos, el Gino, mi psiquiatra, mi ginecólogo y mi endocrinóloga que controlaba mi hipotiroidismo, que por lo demás es esencial mantenerlo a raya durante el embarazo.

La verdad es que al comienzo lo pasé bastante mal. Antes de saber que estaba embarazada, llegaba a mi trabajo toda tembleque, con sudoraciones, taquicardias, sensación de que me iba a desmayar, etc, etc, etc…, producto de mi ansiedad. Una vez a la semana tenía reuniones de pauta y lo único que quería era salir arrancando. Pleno invierno, 3 ó 4 grados celsius y yo mojada de transpiración.  Peor cuando me enteré de que estaba embarazada.

Simplemente opté por dejar mi trabajo y quedarme sólo con el de la tarde, que era desde la casa. Gracias a Dios podía hacerlo. Cuidar mi embarazo era primordial.

Cuando le conté a mi psiquiatra, tuvimos que crear un plan de emergencia para los próximos nueve meses, pero no podía abandonar el tratamiento 100 por ciento, ya que esa ansiedad desmedida podría ser literalmente fatal para mi bebé, así que acordamos seguir con mi pastillita milagros, el ansiolítico.

El segundo paso, fue visitar a mi ginecólogo, quien muy “asertivamente”,  cuando le conté que seguiría con parte de mi tratamiento, me hizo la siguiente pregunta: “¿Qué producto quieres tener?” Y yo toda ingenua, le respondí: “¿producto…cómo producto, doctor, no entiendo?” Y me dijo: “O sea, ¿cómo quieres que nazca tu guagua?, porque a mi me interesa la guagua, no tú” Acto seguido: “Cricri”. Y acto más seguido cambiarme inmediatamente de especialista.

¡O sea cuando una necesita más apoyo que nunca, te salen con eso! No hay guata que aguante. Aunque después una doctora me explicó la diferencia entre un gineco-oncólogo y un gineco-obstetra y ahí pude comprenderlo en tan sólo un 10%. El tema es que los especialistas en oncología tienen una visión mucho más fría, porque les toca vivir situaciones realmente fuertes, con pacientes realmente enfermos. Aunque para mí, mis crisis eran bastante reales. A diferencia de los obstetras, que son mucho más conectados con la parte emocional.

Pero esta no fue la última crítica. Aquí sólo comenzaron. La verdad es que la mayoría de mi familia me apoyaba en el tema de seguir con los medicamentos, pero no faltaban esas personas que te aportillaban o que te enviaban mail con listas de riegos para el bebé si consumías tal o cual remedio. Bastante desubicadas cuando no tenías otra opción, si asumes que la Crisis de Pánico es un enfermedad al igual que cualquier otra.

Quienes la hayan sufrido, seguro que han recibido el típico comentario. “Pero, relájate”, “no te va a pasar nada”, “tienes que dominar tú a la mente”, etc…Ojalá fuera tan fácil.

Aunque estás convencida de lo que estás haciendo, y más aún que tienes el apoyo de tus doctores, o sea no es cosa tuya, te entran algunos miedos, lo que me hizo entrar a miles de foros acerca del tema. Me dejaron más tranquila.

Pasaron los benditos y más maravillosos 9 meses de mi vida y llegó el día de la cesárea. A las 9:00 de la mañana estaba en pabellón. El anestesista me preguntó si tomaba algún medicamento. Por supuesto yo le dije que sí. Y me advirtió que Iñaki podía nacer un poco lacio, A las 9:45 salió mi niñito hermoso. Fuerte, con una energía incomparable, apgar 10 a los 5 minutos.

¡Vamos que se puede!

*Agradecimientos: A mi familia y a mi querida amiga Loreto F.

“Las expectativas del primer nieto”

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 *Ganadora del Concurso Blogueras 2010

“Será un ingeniero, dice el abuelo; un gran arquitecto sería perfecto, mejor un artista, qué horror un poeta…” ¡¡¡Grande!!!, Pancho Puelma no pudo reflejar mejor lo que sucede en una familia cuando nace el primer nieto. Seguro que más de algunos padres se han sentido identificados con esta canción.

¿Acaso no basta con que sea feliz? Es lo que toda la familia quiere en primer lugar, pero como eso lo dan por obvio, porque nació rodeado de amor, con abuelos y padres que le darán todo lo que esté a su alcance, etc…, hay que atribuirle más y más responsabilidades, desde el primer día de vida.

Antes de que nazca, todos se sienten culpables al exigir que el primogénito sea rubio, moreno, crespo, alto, bajo, de ojos de tal o cual color, porque todos se remiten a lo políticamente correcto: “Que nazca sanito”. Y cuando ya nace sanito ¿ qué viene?

Yo les voy a contar y creo que muchas compartirán mi opinión, mis queridas madres “taconeras”. A eso de los 6 ó 7 meses, sino antes, en alguna comida familiar o almuerzo dominguero, comienza la elección del jardín infantil o en casos más extremos, del colegio. Debe ser inglés, porque es el idioma del futuro y sin inglés no se hace nada. Sí, “te compro el discurso”, aunque así como no hacer nada…lo dudo. Otros, se van por el lado religioso o, más bien, valórico, como yo le he puesto a esta postura, que por lo demás, es la que comparto. Pucha qué importante es criar a hijos con valores en este mundo tan contaminado y competitivo. A mi parecer, es más necesario que el inglés.

Pero no es así de fácil la cosa, porque los padres tampoco se la llevan gratis. Lamentablemente estas opiniones se transforman en discusiones, donde tu marido pelea contigo o tú con sus padres o tú con tu marido, porque él defiende a sus padres y así se hace una “majamama” que no tiene ningún sentido si pensamos que el niño tiene sólo unos pocos meses en este mundo.

Todos nos reconciliamos nuevamente, pasa el invierno, en el que por lo general una está más estresada, y llega la primavera y después la navidad. Llenamos nuestro corazón de ese hermoso ambiente navideño de paz y amor que comienza los primeros días de diciembre, aunque en algunos supermercados y malls a finales de octubre, hasta que tu marido te hace la pregunta del millón: ¿dónde vamos a pasar la navidad este año? No me remito a las respuestas porque podría ocupar mucho tiempo, contándoles mis argumentos, ya que modestia aparte, me considero una experta en estos temas.

Con todo esto quiero concluir que la llegada de un nieto es lo más hermoso en la vida y debiera ser motivo de alegría y de unión más que de discusión.

Finalmente, da lo mismo quien tenga la razón, abuelos o padres. Después de ser protagonista de varios enfrentamientos de este tipo, pienso que todo lo que los abuelos hacen y dicen es por ese amor inmenso que le tienen a su nieto o nieta y quieren que no cometa errores en la vida.

Sin embargo, lo importante es amar al nieto por lo que es y no por lo que ellos quieran que sea y conformarse con que sea feliz… haga lo que haga.

Cuestión de rutina

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*Ganadora Concurso Blogueras 2010

Cuando le conté a Gabriel (mi marido) sobre el tema que iba a escribir, me dijo: pobre Iñaki, otra vez lo vas a dejar mal”. Y aunque siempre he estado muy atenta a su opinión, porque tuve la suerte de casarme con un hombre muy asertivo, esta vez lo ignoré y seguí adelante… más aún, después de tantas noches de terror, sin dormir, necesitas encontrar una catarsis o desahogo.

Gabriel, bien puesto tiene nombre angelical. Al pobre ser humano, después de llegar agotado todas las tardes, le tiro al Iñaki como un pase de fútbol del mejor jugador para que le lave los dientes, le ponga pijama, le cuente un cuento y lo haga dormir, mientras disfruto del comienzo de mi “liberación”.  Él dice que le toca la peor parte… pero ¿qué tal estar a cargo del Iñaki todo el día?

A eso de las ocho de la tarde, con una copa de vino y unas sabrosas papas fritas, que se sienten más ricas que nunca, me tiro en la cama y de ahí no me saca nadie hasta que ese aparato, al que le temo y odio, el monitor  comienza a transmitir la “sinfónica” de Iñaki a eso de las 12 más o menos. Ahí no me puedo hacer la lesa y comienzan los turnos para levantarse. Una que otra vez he recurrido a esa frase salvadora “pero si yo me acabo de levantar. No te diste ni cuenta, porque estabas roncaaaaando”. A veces me resulta, pero confieso que es una jugada chueca. Al día siguiente, comienza el análisis de la situación: ‘Hay que llevarlo al Centro del Sueño’, ‘No, mejor probemos con Flores de Bach’, ‘me dijeron que la esencia de azahar en la almohada, antes de dormir, es buenísima’. Sin embargo, lo más drástico de todo es cuando te aconsejan probar el temido libro “Duérmete Niño”, ícono de las madres desesperadas. Es como una moda, si no lo conoces estás absolutamente “out” del mundo materno-infantil.

Pero intentas cualquier cosa, antes de llevarlo a un especialista más, que te diga que establezcas rutinas antes de acostarlo, que por más que te esfuerzas en cumplir, no te resultan. Y nuevamente piensas, “qué fácil se ve de afuera”. Pero, como toda historia tiene un final feliz, con orgullo, debo decir que hoy mismo, terminando este artículo, por primera vez cancelaré la hora a la neuróloga que tenía el Iñaki para mañana. Siento que después de dos años jugando al mismo número, nos hemos sacado la lotería. Iñaki lleva 10 días durmiendo prácticamente de largo. Parece que realmente era cosa de rutina.

‘Les tocó jodío’

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‘Antes muerta que sencilla’ era hasta hace dos años era mi slogan preferido. 28 años, ejecutiva, exitosa, preocupada de las últimas tendencias y siempre a la moda. Realidad actual: cambio pañales, lavo mamaderas, cocino cazuelitas, intento controlar pataletas y prescindo de mis dos orejas a la hora de la siesta y por la noche.

Cuando decidí ser madre, jamás me imaginé implicaría más que algunas noches de desvelo los primeros 3 meses de Iñaki. Más aún cuando ves a las guaguas de tus amigas; esos bebés perfectos, que no lloran, que se duermen a las 8 de la tarde, pasan de largo en la noche y piensas: “bueno, no es para tanto”.

Encuentras “exageradas” a todas esas tías solteronas que te dicen: “aprovecha de dormir”, “sal con tus amigas, que después nunca más”. Sientes que hasta te lo dicen con “su qué”, con ese tonito de envidia. En fin, el 16 de julio del 2008 nació Iñaki, hermoso, vigoroso, enérgico y muy, pero muy llorón. Adiós ‘pega’ y ‘bienvenido Iñaki’. Durante 6 meses lloró todo el día y por todo. Porque lo mudaba, porque lo bañaba, porque lo tomaba y porque no lo tomaba también, simplemente porque sí. Nunca le encontré una explicación. ¿Qué es eso de que las guaguas siempre lloran por algo? Mentira, puedo a segurar que Iñaki lloraba por nada. Desesperada visité tres pediatras, hasta una neuróloga me lo quería dejar hospitalizado para medir su nivel de frustración. El nivel de frustración de un bebé de dos meses. ¡Qué horror! Como si fuera un ente supraterrenal, sometido a estudios o como un delincuente considerado un peligro para la sociedad, constituida en este caso por Gabriel (mi marido) y yo. Reconozco con verguenza que a veces esta idea no me parecía tan descabellada.

Hasta los consejos de esos parientes que tanto critiqué, nos hicieron sentido. Parece que ya no eran tan envidiosos. Por otro lado, el pediatra reafirmaba esa luz maravillosa que me llegó del más allá: “Les tocó jodío” y trataba de consolarnos afirmando que sólo duraría unos años. Qué fácil se ven las cosas de afuera, pensé.

Una vez fue a mi casa una amiga que hacía”Feng shui”… hasta eso llegamos con Gabriel para tratar de equilibrar las energías del hogar. Ella hizo su trabajo, nos cobró una fortuna, cambiamos el lado de la cabecera de la cuna, etc, para más remate nos dijo que Iñaki era un alma vieja. Me imaginaba literalmente un viejo chico con bastón, con mirada penetrante e intimidante que estudiaba todas mis actitudes y cuestionaba mis decisiones, como si él supiese más que yo…y quién sabe…

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