
La semana pasada me junté con una amiga de época de colegio. Hace muchos años que no nos veíamos. Gracias a la “magia” de Facebook y a esta columna nos pusimos en contacto. Ella comentó unas cuantas veces sobre lo que escribo en Taconeras. Se sintió identificada con muchas cosas, ya que también está embarazada y como me dijo, parce que fuimos a la misma fiesta, ya que nuestras fechas de parto están muy cerca, sólo 3 días de diferencia.
Ya antes les había contado que dentro de mi círculo social más cercano no hay muchas mamás, y para ellos esta también es algo nuevo. Por eso fue gratificante y muy linda experiencia juntarme con esta “vieja” amiga (lo de vieja lo digo por los años que la conozco, no por la edad, para que no se sienta ofendida).
Decidimos juntarnos en el Parque Arauco. Fue divertido estar las dos panzonas caminando por el mall. Nos sentamos, pedimos cada una buena copa de helado cada una y nos pusimos a disfrutar de las calorías que pronto tendremos que dejar de lado.
Es primera vez en estos meses que me siento a conversar con una mujer que está pasando lo mismo que yo. Aunque ella está con su pareja y yo no lo estoy, estamos viviendo cosas muy parecidas. Ninguna de las dos estaba preparada para esto; ambas seremos madres solteras, a ambas nos han cuestionado por haber quedado embarazadas… y aunque vivimos en mundos distintos, estamos en la misma etapa.
A medida que iba pasando la tarde pude confirmar muchas cosas que yo pensaba y juraba de guata que me pasaban sólo a mí, como por ejemplo, el instinto maternal. Como les decía, hablamos de todo: qué cosas faltan por comprar, sensaciones nuevas, sexo, parejas, cesárea o parto natural.
Y este último fue un punto importante a discutir. Yo no quiero cesárea, más que nada porque le temo a la cicatriz. Prefiero parto natural, en cambio ella prefiere cesárea. Le tiene terror al dolor de un parto natural, mientras yo ni siquiera he pensado en ese dolor. No le tengo miedo, que venga lo que venga, si hay que sufrir, no será por mucho tiempo.
Lo más entretenido fue comparar nuestras panzas, ella tendrá una niñita y yo un varón. No creía que las guatas serían distintas, pero sí lo son. La mía es más puntuda, es para adelante. En cambio la de ella es como para los lados, como mas desparramada. Con eso confirmé el mito de las panzas de las embarazadas… aunque me digan lo contrario, ¡yo lo vi!
Otro punto de comparación fue lo que nos decían los doctores: ambas estamos en las mismas semanas de gestación, las dos a casi dos semanas del parto. Me extrañó que a mi amiga ya le hubieran hecho varios exámenes o ecos que a mí no me han hecho y que son típicos de este tiempo. Me cuestioné si mi doc estaba bien o no. Pero al conversarlo con él, mi mamá y otras personas, llegué a la conclusión de que cada médico va con su tiempo, algunos más relajados que otros. El mío es relajado, pero no por eso deja ser bueno… de hecho, me lo recomendaron como el mejor de la clínica donde me atiendo (la recomendación viene de una muy buena fuente)
Fue una buena y linda tarde. Compartimos muchas experiencias y llegué a mi casa feliz. Ahora tengo la primera invitada al cumple numero uno de mi hijo.