Historias de Primeriza: amamantar

Después de lo emocionante y fuerte del parto, la enfermera me pasó a Matías y me dijo: “Ya mamita, ahora debes darle de mamar”.
¡¿Qué?!, ¿Cómo?” Yo no sé hacer eso”, fueron mis primeras palabras. Porque más allá de la maravillosa conexión que se crea al ‘darle pechuga’ a tu hijo; el temor te inunda cuando no tienes experiencia. Sin embargo, las palabras amables y alentadoras de la enfermera, me permitieron confiar en mis insintos. Con mi brazo izquierdo abracé a mi hijo y los estreché contra mi pecho. Con la mano derecha tomé mi pezón y lo coloqué en su boquita. Y ohhhh!!!! sucedió el milagro! Sus reflejos le permitieron succionar de inmediato. Fue impresionante… y extrañamente, un alivio para mi cuerpo.





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