Niños y golosinas

Las golosinas forman parte de los hábitos alimenticios de la mayoría de los niños, y su consumo podría aumentar notoriamente en estas semanas de vacaciones de invierno, cuando las mamás les dan más licencias y libertades en cuanto al tiempo libre y la alimentación de sus hijos. El problema es que los dulces y chocolates siempre se han asociado con ser “premios” por una buena nota en el colegio o por haberse portado bien en la casa. Está bien probar cosas ricas en compañía de nuestros niños, pero hay que evitar que esto se convierta en un hábito casi obsesivo. Por eso, es esencial que sepas negociar con tus hijos cómo y cuando incluir golosinas en su alimentación. Por ejemplo…
- Los límites de este hábito es que se convierta en algo inevitable, que fomente un consumismo desmedido y que altere los periodos habituales de alimentación de tu hijo.
- Debes evitar utilizar las golosinas como un elemento de distracción (“Cómete estos dulces mientras yo hago el aseo”). Ésta es una cesión innecesaria que apuntala una conducta que tiene el riesgo de convertirse en poco saludable.
- La utilización práctica de las golosinas podría ser la de emplearlas como “sorpresa”, aunque siempre es mejor que los refuerzos positivos en educación se hagan de manera verbal (“Te has portado muy bien hoy”). A veces, los dulces ayudan a fijar conductas de autonomía y sirven de complemento en nuestro reconocimiento de su buen comportamiento… ¡pero con medida!





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