Historias de Primeriza: Falsa Alarma

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*Por Cotté Lombardo

Era julio de 2008 y con 21 años, yo no tenía más preocupaciones que mi carrera (periodismo), mis amigas, mi familia y mi pololo. Acostumbrada a salir todos los fines de semana, a estudiar de madrugada y guiarme por mis instintos, mi vida de pronto dio un giro en 180 grados, cuando me enteré que estaba con un mes y medio de gestación. De salir todos los fines de semana, me transformé en una fiel seguidora de telecanal; de salir con mis amigas, me dediqué a buscar nombres para bebés, de tener un pololeo común y corriente terminé viviendo con mi pareja, y con el título de novia. Lo único que no sufrió cambios fue mi carrera, porque con panza y todo, saqué mi cuarto año; y ahora solo me quedan unos cuantos meses para ser una profesional de las comunicaciones.
Según mis antecedentes familiares y las experiencias de amigas, que ya habían sido madres, ésa debía ser mi última semana de embarazo, ya eran 38, pero mi hijo todavía no quería llegar al mundo. Los días pasaban y mi panza seguía creciendo, pero Matías no daba señales. Así, en medio del calor , los dolores de espalda y el nerviosismo propio de una primeriza, llegué a la semana 40. El recuerdo de aquel domingo 22 de marzo permanece nítido en mi memoria. Eran cerca de las 10 de la mañana y un leve dolor de estómago que, con el paso de las horas se transformó en un odioso síntoma premenstrual, que ni siquiera podía aliviar con analgésicos, me inquietaba.

Por suerte estaba con mi mamá, que por intuición o por experiencia, me llevó de inmediato a la clínica. Un verdadero acierto, porque en cuanto llegué me hicieron el famoso “tacto”, y aunque aún no estaba con la dilatación necesaria, el proceso ya había comenzado. “Estás con el cuello cien por ciento borrado, y una dilatación de un centímetro. Tu hijo en cualquier momento puede nacer”, me dijo el médico de turno. Debía llegar a diez y recién estaba con uno de dilatación. Además toda la panza tenía que ponerse dura, pero a mí, sólo me ocurría por sectores. En otras palabras, quedaba un largo camino por recorrer, y no tenía ninguna intención de hacerlo en medio de jeringas y medicamentos, con ese olor a hospital, que aún hoy no logro soportar. Así que decidí volver a casa, para intentar estar tranquila y aprovechar de practicar los ejercicios de relajación y de respiración que había aprendido en los cursos prenatales.

*Cotté es estudiante de Periodismo de 5º año de la Universidad de Chile y, de ahora en adelante, va a compartir con nosotras todos los jueves sus historias de Primeriza. Llegó hasta nosotras porque es una fiel lectora de Taconeras y el blog de Embarazo y Parto la acompañó durante toda la gestación de Matías.

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3 Comentarios en “Historias de Primeriza: Falsa Alarma”

  1. [...] de la falsa alarma y ya de vuelta en casa intenté tomar un plato de sopa, pero ni siquiera eso pude hacer. No sé si [...]

  2. PS TENGO 26 SEMANAS DE EMBARASO TENGO 16 AÑOS Y ESTOY BASTANTE NERVIOSA NO SE Q HACER

  3. jajjaja estoy en el parto ahora mismo enrcagua mi esposo esta a mi lado escribiendo me duele mucho incluso nunca pense que tenian internet en una sala de parto aaa me duele mucho no sabemos lo que es porque en ningun momento de mi embarazo se mostro creo que va a nacer ahora me duele mucho mmmm aaa nacio es fantastica es niña es tan linda por fin paro el dolor es una belleza no sabemos como se va a llamar nunca lo penzamos creo que le vamos a poner amanda estefania jimenez zamorano ssiii si alguien se interesa en verla vivimos en villa cordoba #1659 ursa menor rancagua de chile adios esto si estaba en el parto para los afisionados que no creyero.n..

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