Déficit atencional

Es todo un ¡gran tema! y más común de lo que parece. Muchas veces, los padres creemos que es flojera de nuestro hijo o inquietud, y lo tildamos como un “niño agotador”.
La esplicación más científica según el neuropediatra, Yuri Dragnic, este trastorno es una disarmonía del desarrollo en la cual, y por mecanismos que no están del todo comprendidos, se produce una falta persistente en lograr los niveles adecuados de concentración. Se manifiesta en niños con inteligencia normal afectando al 10% de la población infantil, con mayor prevalencia en niños que en niñas. Puede o no presentarse asociado a hiperactividad e impulsividad. Lo que caracteriza al niño con déficit atencional es la mayor frecuencia e intensidad de estas conductas si se lo compara con sus pares de la misma edad.
Sin ser algo grave, sin duda que esto no fácil ni para los niños ni para los padres, pues tiene reperciciones en el rendimiento escolar del niño, en el desarrollo de la personalidad (baja autoestima, sentimiento de inutilidad y frustración), y en el proceso de integración social (dificultad para relacionarse con otros, aislamiento, problemas de disciplina, rechazo social y discriminación).
Para que sepas con mayor claridad si tu hijo tiene o no déficit atencional lee atentamente estas características y consultar con un especialista si es necesario:
Comete errores por no fijarse en trabajos de la escuela o en otras actividades.
Tiene dificultades en mantener la atención en trabajos o en otras actividades.
Parece no escuchar cuando se le habla.
No sigue las instrucciones o falla en terminar las cosas.
Tiene dificultad en organizarse.
Evita situaciones que implican mantener un nivel constante de esfuerzo mental.
A menudo pierde cosas.
Se distrae con estímulos externos.
Es olvidadizo de actividades diarias.
Está inquieto con las manos o los pies o no puede quedarse sentado quieto.
Se levanta de su lugar en clases.
Está activo en situaciones en que es inapropiado.
Tiene dificultad en hacer cosas en forma tranquila.
Está como si “no se le acaban las pilas”.
Habla en forma excesiva.
Responde antes de que la otra persona termine.
Tiene dificultad en esperar su turno.
Frecuentemente interrumpe.

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